2.4.13

Pichichi


Le ve aparecer y detenerse enfrente suyo. "¡Aquíí!"- escucha gritos de niños a lo lejos. Don Benito eleva su mirada unos grados y distingue unas siluetas. Pequeñas arañitas que mueven sus extremidades en la distancia para acaparar su atención. Vuelve a recorrer con sus ojos el panorama, esta vez camino abajo, hasta llegar al suelo. Justo sobre la tierra, frente a su banco, el azar o el destino le regalaba aquello que una vez le hiciera tan feliz. 
     
Un balón de fútbol que asomó por su cabeza gustosos recuerdos. No los recordaba con esas franjas doradas, ni tan blancos y brillantes. Pensó que el dueño de aquel balón debía de ser una persona con dinero para permitirse semejante opulencia. Ninguno de sus amigos, mucho menos él, pensó en tener uno similar en sus tiempos. Jugaban con una pelota desconchada que remendaba, dependiendo la cercanía, una u otra vecina. Las voces se comenzaron a apagar al fondo y los chicos, empujándose unos a otros, decidían quién iría a por el balón. No sabían que algo ya se había puesto en marcha.

Don Benito hizo aterrizar frente a él su bastón. Luego de una breve prueba de anclaje, el cuerpo del anciano se impulsa con toda la fuerza posible hacía arriba. Como un gran titiritero, mueve sus piernas, una tras la otra con gran esfuerzo, hacía su objetivo. Teniendo de frente aquel precioso balón, ya no se sentía un anciano de 89 años. Ahora su corazón le dice que tiene 9 y que tiene que chutar con todas sus fuerzas. Y así lo hizo. Su cerebro envió la señal y una corriente eléctrica se disparó por su columna vertebral. Y el cuerpo respondió.

¡Pum!

“¡Ostras!”- suspiraron los niños. Todos sus ojos atentos al balón que se acercaba. La verdad, no recorrió gran distancia la pelota. Incluso los niños tuvieron que correr un poco para recuperarla. Nachete fue el primero en correr. Una vez con ella en las manos, miró al niño de 89 años a lo lejos. Una leve inclinación de cabeza, sirvió como reverencia y muestra de gratitud por el acto. Un mensaje claro: 'eres uno de los nuestros'. El niño se giró y corrió hacia sus amigos. Don Benito con una gran sonrisa, dejaba salir un susurro de entre sus labios. "Pichichi".