8.8.13

La Habitación Verde



Basado en "Green room murder" de Helmut Newton














Con una mano, la mujer rasgaba la piel negra de la butaca, con la otra, sujetaba un cigarrillo aun sin encender. Y esperaba. 


Esperaba escuchar que llamaran a la puerta. Cuatro golpes rápidos seguidos de dos lentos. Esa era la señal. Sentada frente al teléfono, sus manos no disimulaban su ansiedad. Cuarenta minutos de retraso no eran tolerables. Quizás fuese otro juego más. Empezaba a sentirse cansada. Y el cansancio la hacía pensar y pensar la hacía dudar. Se puso de pie.

Usó sus largas piernas para atravesar el salón. Aquella habitación de cristal con verdes visillos se había convertido en su prisión. La luz verde que penetraba el ambiente le confería a su tez un aspecto marmóreo casi irreal. Una bella escultura de labios rojos y cabellos dorados. Se acercó a un maletín que descansaba discretamente sobre una mesa. Lo abrió y sacó de él dos largos guantes negros. Se los llevo a la cara y respiró su agridulce aroma. Como parte de una ceremonia, comenzó a ponérselos muy lenta y cuidadosamente. 

Con los guantes puestos, volvió a recorrer la habitación y se sentó en la butaca negra. Se sentía poderosa, y esa sensación le provocaba un hormigueo entre las piernas. La espera continuó.

Sentada, inmóvil, intentó recordar cuando comenzó todo aquello. No sólo las citas con hombres, eso ya lo sabía. Si no cuando comenzó a mezclar el placer y el dolor. No lograba recordar. Imposible. No aparecía en su memoria ninguna imagen de un beso tierno, limpio. Ni un primer novio tímido y cuidadoso. Sólo conocía aquella habitación, como si hubiese nacido allí. Aquello le produjo un malestar repentino. Claramente vio que debía salir al verde exterior, a la luz natural. De inmediato se puso en pie, dispuesta a cancelarlo todo.

De repente, cuatro golpes rápidos seguidos de dos lentos la detuvieron.