18.6.14

Su Primer Recuerdo

Mi madre Myrna Guzmán Rodríguez  1954-2014











Ella nunca la había visto tan quieta.

La niña, al despertar de su siesta diaria, vio a su madre sentada en el balcón de su casa. Se levantó en su pequeña cuna, dispuesta a ejercer la rutina habitual de llamar su atención. Pero la imagen de su madre en una inmovilidad absoluta causó el mismo efecto en ella. Nunca la había visto tan quieta.

Acostumbrada a verla siempre en movimiento, ya fuese bailando, al igual que corriendo tras ella, no podía comprender aquella escena. La intriga germinaba dentro de la niña. Sabía que un grito haría girar el rostro de su madre en un instante, pero aquella belleza nácar de su rostro difundía una emoción paralizante.

Pronto unos movimientos contiguos atrajeron la atención de la pequeña. Los de las manos de un hombre sentado junto a su madre. Aquel hombre era el único que no paraba de moverse. Un hombre que no le era del todo desconocido. Su madre le llamaba Mabuchi. Sentado en el balcón, parecía que jugaba con sus dedos en una libreta. La niña era cautivada por el movimiento que le daba el hombre a los carboncillos sobre el papel. Una especie de hipnosis con el subir, bajar y girar de sus dedos la cautivaba, pero bastaba con subir un poco su mirada, y era entonces la mirada de aquel hombre la que creaba un puente directo hacia su madre.

En ese momento, aquellas pequeñas pupilas se ensancharon llenas de tranquilidad para disfrutar de aquel paisaje. Un paisaje ahora lejano. Hasta esa fecha le habían llamado más la atención las figuras de papel maché que su madre creaba frente a ella. Figuras en las que su madre empleaba días de elaboración detallada y lenta. Creaciones con materiales bastante industriales, que terminaban siendo figuras únicas que decoraban su casa o regalaba a sus familiares. Pero ese día, en ese instante, aquel fino perfil maternal en el balcón, que también parecía ser observado por el sol, era lo que la niña más quería palpar.

La magnitud de aquel momento en la vida de su hija hizo que esos minutos se convirtieran en su primer recuerdo.  Un recuerdo que al día de hoy la hace sentirse en la misma posición.


23.12.13

La sala de cine


Basado en obra de Edward Hopper 'New York Movie' 


Sabía que en unos segundos aquellos chelos y violines comenzarían su labor diaria de inundar la sala de cine.  Sabía que saldrían de la película e irían en su búsqueda con el objetivo de hacer que flotaran esos pensamientos que habían aparecido la semana pasada. Por eso se arrinconaba junto a la salida de la sala, bien iluminada, para no favorecer la aparición de aquellos pensamientos. Pero aquellas notas, tan listas y cautelosas, la encontraban siempre.
Entonces, con una delicadeza sublime, jugueteaban con sus cerebro, convenciéndola de lo joven que era y del potencial que tenía para ser lo que tanto quería ser. En realidad, si comenzaba una nueva vida, todo iría perfecto. Sólo tenía que viajar. Irse del país. Subsanar los errores cometidos.  Revivir todo con más sentido. Únicamente tendría que abandonar a aquel marido imperceptible y a sus hijos.

Fin.

Los aplausos la despiertan y las luces de la sala hacen que se sitúe nuevamente en su papel de acomodadora del cine. Y aquellos frágiles pensamientos vuelven a sumergirse. 


22.10.13

Día a día


Pasados tres segundos, su cerebro despertó pero no quería abrir sus ojos todavía. Prefería flotar en el limbo de la oscuridad de la habitación. Sumergido bajo el edredón. Lo más cercano a los brazos de una madre que conocía. Nítidos segundos libres de pensamientos, palabras, obras y omisiones. Llenos únicamente de nada. Una gran nada. Pero el tiempo, desgraciadamente, sigue su camino. El cielo comienza a sonrojarse y a entrar en su habitación. Lo que obligó a su cerebro a zambullirse en el cauce frenético de su día a día.