27.3.13

Sobre la mesa



La vida estaba sobre la mesa, al alcance de sus huesudos dedos. Aun así, se sentía incapaz de salvar su comprimido interior. La verdad era que ya no sabía cómo. 

Disfrutaba con sus manos de la textura de la langosta en su plato, mientras que su madre, con una mirada aislada, aparentaba disfrutar del precioso paisaje menorquín. La brisa parecía tranquilizarlas con unas tibias caricias. La joven inapetente también recorría con su mirada el paradisiaco alrededor, pero siempre volvía a su madre.  Recorriendo las tenues arrugas de aquel rostro, se culpó de muchas de ellas, mayormente las de alrededor de los ojos. Llevaba años intentando vencer la conspiración de su mente, muchos años. Pero ya estaba agotadísima. Aquel cuerpo enjuto se encontraba en la cumbre de la debilidad. El único apetito que tenía era otro.


Hacía un mes se había planificado ese viaje de vacaciones. Comenzó la planificación cuando la esquelética niña de 30 años suplicó a su madre que la liberase del hospital y de las consultas ineficaces. Su madre, conteniendo un aullido profundo en su pecho, aceptó su pedido calmada, también por cansancio. 


Una camarera se acercó a preguntarle por la langosta que no se había comido y si deseaba que le trajera otra.  No la escucharon. Tanto ella como su madre tenían sus miradas perdidas en el tranquilo Mediterráneo.

http://youtu.be/CXsQf4pZJ2A